| Lesoto. País 65 del viaje. |
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| Con Charles y su famlia. |
| Territorio Zulú. A medida que pasaba la tarde, cada vez era más peligroso seguir por la niebla, en un clima que puede pasar por las 4 estaciones en un solo día. Al final no me quedó otra que parar. |
A mí desde chico que me han interesado los idiomas y por algún motivo jamás se me olvidó un refrán en Zulú que aprendí hace más de 20 años en la Encarta: "Uku Zala. Ukuzelula. Amtambo." ¿Qué significa? No tengo la menor idea, pero se me quedó grabado a fuego como uno de esos recuerdos tan random de cosas que poco pueden servirte en la vida. Salvo que ahora este me sirvió. El decirlo, fue como la barrera que rompe el hielo. Se largan todos a reír y me puse a conversar con ellos en inglés.
Al cabo de media hora, me preparaba para para buscar un lugar donde acampar. Pero Lin, el chino dueño del restaurant, sale y me dice que hoy era su invitado, que lo siguiera.
Pensé que era a su casa con su familia, pero mientras lo seguía con la bicicleta bajo la lluvia, veo que se desvía a un hotel. Llamó a la dueña para que me tuviera cena y desayuno. Ya era tarde para decir que no, pero siendo sincero, me salvó la vida. Me quedaba un largo trayecto y ese descanso bajo la torrencial lluvia, fue un regalo literalmente caído del cielo.
| Mientras descansaba con mis improvisados amigos Zulú |
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| Con Lin y su familia |
-Buena suerte amigo. -mientras me miraba con una especie de lástima
Usualmente la distancia entre la caseta de inmigración de un país y el otro, es de unos cuantos metros que se hacen caminando. Acá, sin contar cuando casi me entierra la nieve en las montañas de Albania, fueron los 7 kilómetros más duros que me han tocado en el viaje. La pendiente subió hasta un 25%, era imposible seguir pedaleando con el peso que llevaba y me tocó empujar a mi bicicleta. Libertad, mi fiel compañera que casi siempre aliviana mi viaje, acá era más un estorbo. Tenía que empujar los kilos y kilos de peso por las montañas. Paso a paso. El odómetro ya no funcionaba, ya que no registra velocidades bajo 4 km/h. Como lo esperaba, casi siempre que estoy cerca de llegar, pasa algo que me dificulta la llegada. Quizás es el destino que la quiere hacer más épica, o quizás es solo algo sicológico, explicada por la mezcla de ansiedad por llegar y cansancio, donde cualquier contratiempo menor pareciera ser más grande. Empieza la lluvia. Cuando pienso que nada peor puede pasar, al rato baja la neblina que no me dejaba ver más de un par de metros. Como hace tiempo que no estaba en altura, empezó el dolor de oídos. No era opción parar, no habían más que montañas y precipicios la lado del camino. Luego de varias 4x4 (el camino, por ley, solo se puede pasar en camionetas 4x4) que me daban aliento y uno que otro sorbo de licor para combatir el frío, llegué justo antes del atardecer a Lesotho, luego de 12 horas de pedaleo.
Había llegado a la meta, pero aun no la había cruzado. El pequeño gran problema es que los
chilenos necesitamos visa para Lesoto. Me acerco a la caseta de inmigración y
le paso el pasaporte a la oficial, esperando que no se diera cuenta de ese "detalle". Como
siempre quedan mirando el pasaporte, no son frecuentes los chilenos acá.
Mientras me hacía el desentendido, me dice que me tiene una mala noticia, que
(como lo esperaba), los ciudadanos de “Chail” necesitamos visa para el país. No
era posible pagarla ahí (como ya lo sabía) y me dice que no sabe que hacer con mi caso. Hace algunas llamadas, pero no consigue respuesta. La quedé mirando con cara de pena. Con lo ojmado y transpirado que estaba, creo que la mirada estaba demás para inspirar lástima. A los 5 minutos vuelve y me dice sururrándome que me iba a dar un regalo. No había nadie más en la caseta. Me entrega el
pasaporte con una visa gratis de 3 días para entrar al país. La quiero abrazar,
pero me contuve por lo mojado que estaba. Me advierte de que si me pasaba de los 3 días se iba a encargar
personalmente de que me llevaran detenido. Más claro, imposible. Tenía máximo 3 días
para conocer el pequeño país.Lo primero que hice, como en cada país al que llego, corrí al bar más cercano y me tomé una cerveza local. Es la forma de clavar la bandera. De poder decir con todas las de la ley, "conquisté Lesoto". Dicho bar, a pocos metros de la frontera, era nada más ni nada menos que el bar a mayor altitud de toda África.
Quizás la calidez de los Basotho hizo que la bajada no se sintiera tan dura y que los calambres en las manos de tanto apretar los frenos, no dolieran tanto.




